Antequera ante el futuro
Manuel Vergara Carvajal
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Se ha pasado uno la vida tratando de educar en sus alumnos la facultad de mirar, porque ya se sabe que, sin desasnar, la criatura no es capaz de mirar ni admirar nada; esto es de sentido común. Y como sólo se ama aquello que se conoce, afinar la mirada nos capacita, además, para mirar por las cosas y tener ciertos miramientos y contemplaciones.
Todo esto viene a cuento porque, habiendo para Antequera un futuro admirable, nos tenemos que andar con siete ojos ante el disparate de un PGOU que viene a alterar tan radicalmente las cosas. ¿Puede alguien imaginarse que una población de 45.000 habitantes se multiplique por tres en diez años; que se construyan 35.000 nuevas viviendas en el mismo periodo; que se proyecten 8 campos de golf y 6 núcleos urbanos; y que La Vega, lo más bucólico de la geografía antequerana, se pierda para siempre bajo una dura geometría de polígonos, de “ciudades aeroportuarias”, y del sursum corda? Y, todo esto, ¿a la mayor gloria de quién? ¿Quién ha dicho a estas alturas: “creced y multiplicaos a lo bestia”?; pues la que en origen fuera consigna progresista es hoy el más cateto contradiós. Es inconcebible que se piense siquiera en proyectos semejantes, en pleno cambio climático, con los termómetros en 35 grados a mediados de mayo, y cuando el mismísimo alcalde de Londres recomienda orinar (to pee) la tira de veces antes de tirar de la cisterna. ¿Acaso es que en estas latitudes llueve más?
No están los tiempos para intervenciones agresivas en el medio; y, sin embargo, quien ha puesto sus manos en La Vega no se anda con contemplaciones, ni está por la alternancia de cultivos precisamente, sino por la acción más irreversible: convertir el campo en “suelo”. ¿Qué quiere el Ayuntamiento?, ¿qué fomenta Fomento y la Junta, cargarse el paisaje con más personalidad, y el acuífero y las tierras mejores de la provincia? ¿Esto es hacer de Andalucía la California del sur de Europa, que se nos prometió al comienzo de los tiempos, cuando el Sr. Chaves ni siquiera sospechaba que fuéramos realidad nacional? No sería malo recordárselo al Sr. Pezzi, para que en la tercera o cuarta modernización tome como modelo a aquella tierra americana que está en la vanguardia científica tanto de la industria como de la agricultura. Pues eso, más crecimiento cualitativo y sostenible, y menos monocultivo inmobiliario devorador de recursos . Sí a la industria, y suelo barato en áreas adecuadas y tierras malas. Pero La Vega no es un solar, sino el mar de Antequera.
Uno no siempre ha sido un ecologista coñazo, y ha de confesar que al final de su infancia llegó a aspirar con verdadero placer el humo de aquellos camiones Leyland, que venían de Inglaterra, rojos como un Ferrari, y cuyo motor olía y sonaba a progreso… comparado con los mulos. Pero si antes lo que sobraba era miseria, hoy se hecha en falta voluntad política con una mano de santo para ordenar el crecimiento, y otra de hierro para frenar la tremenda presión inmobiliaria que ya sabemos cómo se las gasta. ¿O es que no basta, para escarmentar, la cabeza ajena?
Todo lo que se diga es poco sobre los miramientos que hemos de tener para con nuestra tierra; por eso no basta con tener ojos, sino amor y perspectiva. Es por eso imprescindible que nuestros jóvenes visiten el patrimonio monumental de la Ciudad –¡que es el 80 por ciento de la provincia!–, que amen a sus nobles antepasados que levantaron los túmulos gigantes, las villas romanas, los arcos renacentistas, las cúpulas barrocas, el caserío de La Vega, y la trama urbana. Que adquiera su mirada hondura histórica y estética. Mostradles la cabecita (mi ordenador dice que el diminutivo es un error, maldito sea) adorable de La Venus de Antequera, para que sus amores levanten vuelo más arriba del culebrón venezolano. Llevadlos al Torcal y que se abismen en el tiempo geológico. Y que vibre todo el mundo con el balonmano local, que los héroes del deporte lo son también de la Ciudad, y nos proyectan fuera.
Los que vengan de fuera, raudos con el AVE, aquí se han de sentir como en su casa: estamos en “El Centro del Sur”, una Ciudad con proyección de futuro, que si perdió la capitalidad de Andalucía, no ha renunciado a ser el referente cultural y de negocios. Que dispone de una ubicación geográfica envidiable para la actividad comercial y logística; instalaciones para el turismo de calidad, un paisaje aún no alterado, y unos ciudadanos emprendedores que encaran el futuro con entusiasmo. Todo lo que se diga es poco.
